El pasado 10 de junio celebramos un seminario que nos dejó mucho más que reflexiones: nos dejó un argumento sólido, construido desde las aulas y las asociaciones, sobre por qué el liderazgo enfermero no es una aspiración bonita, sino una necesidad urgente. Contamos con dos voces que lo viven en primera persona: Nerea Gómez Olivares, presidenta de la Asociación Estatal de Estudiantes de Enfermería (AEEE) de España, e Irving Alexander May, presidente de la Asociación Mexicana de Estudiantes de Enfermería (AMEENF). Juntos construyeron una mirada transatlántica sobre el presente y el futuro de la profesión.
El liderazgo que ya existe pero no se nombra
Antes de hablar de conquistas pendientes, Nerea planteó una cuestión que resonó con fuerza entre los asistentes: el problema de la invisibilidad. «Las enfermeras somos igual de capaces de liderar que cualquier otra profesión sanitaria. No somos menos capaces, no tenemos menos criterio, no tenemos menos compromiso ni menos capacidad de análisis, de organización, de toma de decisiones o de transformación. Lo que nos ocurre es que históricamente no siempre nos han dado las mismas oportunidades.»
«El liderazgo enfermero está tan integrado a la práctica diaria que muchas veces nosotras mismas lo volvemos invisible»– Nerea Gómez Olivares, presidenta de AEEE
Pero hay algo que va más allá de las oportunidades externas: la tendencia a no reconocer el propio liderazgo. «El liderazgo enfermero está tan integrado a la práctica diaria que muchas veces nosotras mismas lo volvemos invisible», explicó. Una enfermera que prioriza cuidados, que identifica un deterioro antes de que sea evidente, que educa a una familia en un momento difícil o que coordina un equipo para que la atención no se fragmente, está liderando. Pero rara vez lo llama así.
«Simplemente decimos que hacemos nuestro trabajo, que estamos pendientes, que resolvemos cosas, que organizamos, que cuidamos. Y ahí hay una cuestión muy importante.»
Cuidar es decidir
Uno de los ejes más potentes de la intervención de Nerea fue el argumento de que cuidar implica, necesariamente, pensar. Que no hay contradicción entre técnica y criterio, entre cuidado y liderazgo.
«Una enfermera no es simplemente una profesional que hace cosas: una enfermera interpreta situaciones, identifica necesidades, anticipa riesgos, planifica intervenciones. Todo esto es práctica clínica, pero también es liderazgo.»
«Cuidar bien nos exige pensamiento crítico, conocimiento científico, capacidad de observación, habilidades de comunicación, ética, responsabilidad, autonomía y, por supuesto, liderazgo. Una enfermera no es simplemente una profesional que hace cosas: una enfermera interpreta situaciones, identifica necesidades, anticipa riesgos, planifica intervenciones. Todo esto es práctica clínica, pero también es liderazgo.»
Este reencuadre —el cuidado como ejercicio permanente de decisión— es precisamente el cambio de mirada que Nerea reivindica para el sistema y para la propia profesión. «Tenemos que dejar de pensar que el liderazgo enfermero empieza cuando alguien llega a un puesto de gestión. Empieza cuando un estudiante se atreve a hacer una pregunta en prácticas. Empieza cuando una enfermera defiende una decisión basada en el bienestar del paciente. Empieza cuando un equipo escucha la voz de la enfermera como una voz experta.»
No nos falta capacidad: nos faltan espacios
La segunda parte de la intervención de Nerea fue, en sus propias palabras, la más reivindicativa. Capacidad, formación, juicio clínico, visión integral de la persona, experiencia con pacientes, familias y comunidades: todo eso lo tiene la enfermería. Lo que falta es otra cosa.
«Muchas veces lo que nos faltan es algo tan simple y tan complejo a la vez como espacios. Espacios de decisión, espacios de representación, espacios de liderazgo institucional, espacios de participación en políticas sanitarias, espacios de diseño curricular, y espacios donde la enfermería no sea entendida como la consultora final, sino que se incorpore desde el inicio.»
Nerea fue muy precisa al señalar que esto no es una queja, sino un argumento de calidad asistencial. «La enfermería no queremos competir con nadie, no porque estos espacios no nos correspondan, sino porque los cuidados son una parte central de cualquier sistema sanitario y no se pueden tomar buenas decisiones en materia de cuidados sin contar con quienes los lideran cada día.»
Las consecuencias de este déficit son concretas: «Cuando lideramos, mejora la continuidad asistencial, mejora la seguridad del paciente, mejora la educación para la salud, la prevención, la atención centrada en la persona, la humanización del cuidado y también la conexión entre el sistema sanitario y la vida real de las personas.»
La formación como campo de batalla cultural
El tercer bloque abordó algo que puede parecer técnico pero que tiene una carga simbólica enorme: qué dice la normativa sobre el liderazgo en la formación enfermera, y qué brecha existe entre esa norma y la práctica.
Nerea destacó que el reciente Real Decreto 325/2026, publicado el 23 de abril de este año, incorpora expresamente —en su artículo 42.6— la aptitud para desarrollar un enfoque eficaz de liderazgo y competencias en la toma de decisiones como parte del perfil formativo de la enfermera. Este decreto transpone la actualización de la Directiva Europea de Cualificaciones Profesionales (2004/78/CE), que adapta los requisitos mínimos de formación a las necesidades actuales: asistencia centrada en la persona, práctica basada en evidencia, gestión aplicada, enseñanza digital.
«El liderazgo enfermero deja de aparecer solo como aspiración profesional y pasa a estar vinculado directamente al perfil formativo que debe garantizarse. Ya no estamos hablando únicamente de que sería deseable que las enfermeras lideraran. Ahora hay una formación que nos debe preparar para ello.»
Pero Nerea también fue clara sobre los riesgos. Si el liderazgo se desarrolla según el contexto individual —si depende de tener buenos referentes, participar en asociaciones o encontrar buenas tutoras clínicas—, se convierte en una competencia inequitativa. «Habría estudiantes que la desarrollan y otros que no tendrían estas oportunidades. Y ese liderazgo dependería demasiado del contexto individual, no de algo que debería formar parte de una formación común.»
La barrera más profunda, señaló, no es técnica: «Muchas veces implica mucho simbolismo. No es que un estudiante no sepa hacer una cosa; es que no se siente legitimada para hablar, para preguntar, para proponer, para liderar.»
«La enfermería necesita algo más que sobrevivir. Necesita transformarse. Uno de los grandes retos de la formación enfermera es pasar de una cultura de adaptación a una cultura de transformación.»
Y de ahí la apuesta final: «La enfermería necesita algo más que sobrevivir. Necesita transformarse. Uno de los grandes retos de la formación enfermera es pasar de una cultura de adaptación a una cultura de transformación.»
Las juventudes que transforman la salud en las Américas
Irving Alexander May llegó al seminario con una idea clara desde el principio: «Hoy no vengo solamente a hablar de enfermería, sino a hablar sobre el poder que tienen las juventudes para transformar la salud en las Américas y en el Caribe, y sobre todo el liderazgo, la participación y la investigación.»
Desde México y Latinoamérica, el diagnóstico comparte raíces con el europeo pero tiene sus propios matices. Irving identificó los desafíos que enfrenta la región: limitación a la participación política, déficit de personal, migración profesional, brechas formativas y desigualdades en el acceso a servicios de salud. Pero lejos de quedarse en el problema, su intervención pivotó enseguida hacia las oportunidades. «Existen oportunidades para fortalecer la profesión mediante la educación, la investigación y la cooperación regional.»
«El liderazgo no comienza cuando obtenemos un título o un cargo, sino cuando decidimos involucrarnos, participar y trabajar por una enfermería más fuerte, más visible y más influyente para toda América Latina y el Caribe.»
Una de sus ideas centrales coincidió con la de Nerea: el liderazgo no empieza con un cargo. «El liderazgo no comienza cuando obtenemos un título o un cargo, sino cuando decidimos involucrarnos, participar y trabajar por una enfermería más fuerte, más visible y más influyente para toda América Latina y el Caribe.»
Enfermería representa más del 50% del personal sanitario mundial. Y aun así...
Irving fue directo al señalar la paradoja: la enfermería es la profesión sanitaria más numerosa del mundo y, sin embargo, sigue estando subrepresentada en los espacios donde se toman las decisiones. «Si la enfermera no ocupa esos espacios de decisión, otras van a decidir por ella. Y eso es algo que en México hemos aprendido muchas veces.»
Esta constatación no es abstracta. Irving relató cómo AMEENF tardó ocho años en ser incluida en la Comisión Permanente de Enfermería de México, el espacio institucional donde organizaciones del sector toman decisiones conjuntas. «Nos decían: ¿qué experiencia va a tener un joven? Lo que decíamos se consideraba sin fundamento. Pero fuimos trabajando, fuimos haciendo nuestras voces y finalmente empezamos a hacer ruido a través de las redes sociales. Y sí, tengo que decirlo: muchas veces eso le molesta a algunas organizaciones. Pero necesitábamos alzar la voz porque los datos que teníamos nos alarmaban.»
La lección que extrae para las organizaciones estudiantiles de toda la región es tan sencilla como contundente: «Hagan mucha investigación. Busquen los datos, publíquenlos, susténtenlos. Si vas a llegar a tomar algún tipo de decisión, tienes que llegar con la evidencia. Aquí es papel y tabla.»
Una red latinoamericana que empieza a existir
Uno de los momentos más significativos de la intervención de Irving fue la presentación de la red de estudiantes de enfermería de Latinoamérica y el Caribe, articulada a través de la Federación Panamericana de Profesionales de Enfermería (FEPPEN), organización fundada en 1970 que agrupa colegios y asociaciones de la región para impulsar el desarrollo científico, técnico, humanístico y político de la profesión.
«México se encuentra participando en esta red y quiero comentarlo como un logro», dijo Irving. «A través de los presidentes y presidentas de México, el Caribe y toda Latinoamérica nos hemos unido y estamos colaborando: Chile, Paraguay, Panamá, Colombia, Brasil… compartiendo espacios, conocimientos y experiencias orientadas al fortalecimiento de la profesión.»
Para Irving, este trabajo en red no es optativo. «Enfermería no debe trabajar de manera aislada. Cada país puede tener diferentes situaciones, pero a nivel global necesitamos grandes iniciativas. En México y en Latinoamérica muchas veces somos olvidados. Y hay que visualizar lo que está pasando: la migración profesional, las condiciones de formación, las carencias del sistema.»
«En México y en Latinoamérica muchas veces somos olvidados. Y hay que visualizar lo que está pasando: la migración profesional, las condiciones de formación, las carencias del sistema.»
Cerró este bloque con una reflexión que podría suscribir cualquier sistema sanitario del mundo: «No trabajemos de manera aislada, trabajemos de manera colaborativa. Únanse juventudes con experiencia, únanse organizaciones, sociedades y colegios. Aquí hay un dicho muy común en México: el peor enemigo de un enfermero es otro enfermero. Hay que quitar esa barrera. Tenemos que colaborar entre profesionales, porque sin duda alguna va a ser un bien común para nuestro país y para poder alzar la voz a nivel global.»
La prescripción enfermera y el rol ampliado: México en marcha
Irving dedicó una parte relevante de su intervención a uno de los debates más vivos de la enfermería mexicana: la prescripción enfermera y el denominado rol ampliado de la profesión. La OPS se reunió con AMEENF el año pasado para abrir un diálogo político sobre el fortalecimiento profesional en México. El resultado es un proceso de formalización de competencias avanzadas que se espera que siga desarrollándose hasta 2030.
«La prescripción y otras funciones avanzadas están ayudando a optimizar los recursos disponibles, mejorar el acceso a la atención y dar respuestas más oportunas a las necesidades de la población. El primer paso es que ya está estandarizado.»
«La prescripción y otras funciones avanzadas están ayudando a optimizar los recursos disponibles, mejorar el acceso a la atención y dar respuestas más oportunas a las necesidades de la población. El primer paso es que ya está estandarizado. Y se espera que de aquí a 2030 vaya fortaleciéndose cada una de estas intervenciones.»
El Consejo Internacional de Enfermería: una deuda pendiente
Irving también señaló una ausencia que considera preocupante: la escasa presencia de organizaciones de México, el Caribe y Latinoamérica en el Consejo Internacional de Enfermería (CIE), el organismo que articula las políticas globales de la profesión. «El CIE constituye espacios clave para la construcción de políticas globales en salud y enfermería. Y es algo importante y preocupante que no todas las organizaciones de México, el Caribe y Latinoamérica se encuentren adheridas a esos espacios internacionales.»
La demanda es concreta: que las organizaciones latinoamericanas puedan participar en los congresos, foros y proyectos del CIE. «Que puedan ser escuchadas, que se visualice lo que está pasando en cada país, y que se generen estrategias e intervenciones de construcción de políticas globales que nos incluyan.»
Cómo sumarse: representación estudiantil como derecho, no como favor
La pregunta de Sandra Lázaro, estudiante de Tabasco, resonó con muchos de los asistentes: ¿cómo pueden los estudiantes de enfermería acceder a estas asociaciones cuando sus universidades apenas las mencionan?
Nerea respondió desde la experiencia española, pero con una lógica extrapolable: «En España la representación estudiantil es un derecho garantizado por el estatuto del estudiante universitario. Todas las universidades están obligadas a tener estudiantes en sus claustros y a conectarlos con sus asociaciones nacionales. Te animo a que preguntes en tu propia universidad, y si la primera respuesta es no, que seas pesada, pesada de buena manera, y que te vayas con la evidencia en la mano: busca en tu país cuáles son las leyes de representación que te protegen y llévalas contigo.»
Reconoció también la dificultad real de compatibilizar la vida académica, personal y laboral con la participación asociativa. «Es una cosa que muchas veces cuesta encontrar el tiempo para hacer cuando no es una obligación. Pero te animo: es algo que te va a enriquecer muchísimo, no solo a nivel personal, sino también en tu futuro profesional. Son espacios y oportunidades que te llenan de formas que ni te lo esperas.»
Irving, por su parte, invitó directamente a Sandra y a cualquier estudiante mexicano a conocer la convocatoria abierta de AMEENF para nuevos miembros. Y amplió la reflexión hacia la responsabilidad institucional: «Estamos buscando esos vínculos, esos convenios, esas colaboraciones con las diferentes universidades sin dejar a nadie atrás. Ese es el objetivo principal: que todos los estudiantes que se encuentran en formación puedan afiliarse y que podamos seguir creciendo como grupo.»
El talento docente como catalizador del liderazgo estudiantil
Una de las preguntas más ricas del bloque final llegó de Edith Posada, docente de Colombia, que preguntó cómo pueden los profesionales de enfermería impulsar cambios que favorezcan mayor reconocimiento, autonomía y participación a nivel global, teniendo en cuenta las limitaciones de cada contexto.
Nerea fue directa: el primer obstáculo es el tiempo. «Muchas veces por esta falta de tiempo, la participación que querríais en proyectos, o en ayudar a los estudiantes, o en promover cambios, se ve mermada. Pero os invito a que tengáis esas conversaciones con vuestros alumnos. No solo de reflexión sobre prácticas, sino también para preguntarles sus inquietudes. Que un alumno tenga inquietudes en investigación o en liderazgo son puntos que más que mermarse deberían potenciarse. Y para eso hay que luchar porque os liberen horas, porque si vosotros podéis dedicar ese tiempo a estos estudiantes, estos estudiantes pueden desarrollarse como deberían.»
Señaló además una asimetría que se reproduce en todos los sistemas: «Es igual de importante la docencia que se imparte a nivel hospitalario que la que encontramos en las aulas. Y es igual de importante que estos espacios se puedan generar tanto en el hospital como dentro de las propias formaciones universitarias.»
Irving sumó tres líneas de acción concretas. La primera: generar evidencia científica. «Cuando queríamos tocar puertas, muchas veces llegábamos sin ese conocimiento, sin esa evidencia. Y qué pasaba: siempre nos decían, ¿de dónde lo sacaste?, ¿dónde está escrito? Si vamos a llegar a tomar algún tipo de decisión, hay que llegar con la evidencia, porque aquí es papel y tabla.» La segunda: abrir espacios de liderazgo en las escuelas y favorecer intercambios institucionales. La tercera: afiliarse a colegios, asociaciones y sociedades profesionales. «Esas tomas de decisiones, ¿quién las tomó?, ¿se consultó con los profesionales de enfermería? Actualmente en México se toman decisiones y todos los profesionales se preguntan lo mismo. Necesitamos estar dentro.»
Relevo generacional como urgencia: lo que el sistema debe cambiar ya
La sesión cerró con una pregunta que Javier Rubio lanzó como síntesis de todo lo escuchado: si tuvierais que identificar una sola cosa que el sistema sanitario —hospitales, universidades, colegios profesionales— debería cambiar ya para no perder a esta generación de enfermeras líderes que se está formando ahora, ¿cuál sería?
Nerea respondió con una palabra: escucha. Pero la desarrolló sin rodeos.
«Como enfermeras estamos agotadas. Agotadas de un sistema que no nos escucha, que no reconoce la realidad, que no nos da los recursos para atender con solvencia a nuestros pacientes, en el que tenemos ratios que son una locura. En España no hace falta talento: das una patada y te salen diez personas que quieren ser enfermeras. No tenemos un problema de gente que no quiera serlo. El problema es que ese talento se va, porque tiene un sistema que no lo cuida, que no lo escucha, que no lo respalda.»
«Como enfermeras estamos agotadas. Agotadas de un sistema que no nos escucha, que no reconoce la realidad. No tenemos un problema de gente que no quiera serlo. El problema es que ese talento se va, porque tiene un sistema que no lo cuida, que no lo escucha, que no lo respalda.»
Y fue más allá de la retórica del reconocimiento para hablar de condiciones concretas: «No estamos pidiendo subidas salariales estrambóticas. Estamos luchando por categorías que se alineen con nuestra propia formación, una a una. Estamos pidiendo saber dónde voy a trabajar mañana. No tener que dormir con el móvil pegado a la oreja por si me llaman de la bolsa. Condiciones que garanticen nuestra seguridad y tranquilidad, y que se traducen directamente en calidad y seguridad del paciente. Siendo las enfermeras el 82% de los profesionales sanitarios dentro del sistema, creo que se nos debería escuchar. Si no hay relevo generacional no es porque no haya enfermeras egresadas, es porque no se cuida a las que hay ni a las que salen.»
Irving respondió desde México con una lista que, lejos de ser un lamento, funciona como una hoja de ruta: el ratio enfermero-paciente, la actualización de la norma 019, el profesiograma, la regulación de escuelas que abren licenciaturas sin las certificaciones pertinentes, los sueldos dignos, las categorías profesionales, los derechos laborales de los pasantes, la protección frente al acoso laboral y la atención a la salud mental. «Son temas que año tras año venimos arrastrando y que conforme pasa el tiempo seguimos sin ver intervención. Sabemos que poco a poco se va a estar trabajando, pero necesitamos actuaciones prioritarias.»
Y cerró con una apelación que resumió el espíritu de toda la sesión: «No nos desmotivemos. Muchas veces hay barreras, obstrucciones, y nos desmotivamos. Pero tenemos que seguir, seguir y seguir hasta lograr el resultado. Y no trabajemos de manera aislada: trabajemos de manera colaborativa, porque sin duda alguna va a ser un bien común para nuestro país y para poder alzar la voz a nivel global.»
Una conversación que apenas empieza
Lo que compartieron Nerea e Irving en este seminario no es un diagnóstico cerrado: es el inicio de una conversación que la enfermería —estudiante y profesional, española y latinoamericana— necesita sostener con más frecuencia y en más espacios.
Porque el liderazgo enfermero no se construye en soledad. Se construye cuando un estudiante se atreve a hablar porque hay otro que le ha abierto el camino antes. Cuando una enfermera joven encuentra a otra que es su referente. Cuando una organización profesional escucha de verdad a sus estudiantes. Cuando una docente invierte tiempo en una conversación que no figura en ningún horario. Y cuando los sistemas sanitarios entienden que cuidar a quienes cuidan no es un gesto de generosidad, sino una condición indispensable para que los sistemas funcionen.
Como dijo Irving al cerrar: «Cuando una estudiante de enfermería levanta la voz, representa a una generación. Cuando una red enfermera se une, transforma una región.»
«Seguiremos luchando». No hay duda.
Nuestros ponentes

Nerea Gómez Olivares, es Presidenta de AEEE desde octubre de 2025. Estudiante de 4.º curso del Grado en Enfermería en TecnoCampus (Universidad Pompeu Fabra). Su trayectoria en representación estudiantil abarca los niveles estatal y europeo, con responsabilidades en posicionamientos, relaciones institucionales y defensa de los intereses del estudiantado enfermero.

Irving Alexander May es recién egresado de la Licenciatura en Enfermería (Centro Universitario de Salud Yucatán / La Salle Cancún). Con amplia participación en foros, paneles y congresos nacionales e internacionales, su trayectoria combina la representación estudiantil con la cooperación internacional en enfermería. Actual Presidente Nacional de AMEENF y miembro de la Federación Panamericana de Profesionales de Enfermería (FEPPEN).

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