Concentración en exámenes: ¿misión imposible?

Concentración en exámenes: ¿misión imposible?

, ,

La importancia de poder concentrarse de forma eficaz va más allá de facilitar el aprendizaje y hacerlo más eficaz (duradero): la capacidad de concentración depende a su vez de nuestra capacidad para mantenernos sanos, así que se trata de un perfecto indicador de cuál es nuestro estado de salud, lo que significa que nos puede dar muchas pistas de algunas carencias o avisar de la necesidad de incorporar o eliminar determinados hábitos.

Los secretos de una capacidad básica

La concentración es el estado en el que una persona fija el pensamiento en algo sin distraerse. Esto, que es muy sencillo de
entender, no resulta tan fácil de poner en práctica. Respecto a la concentración, hay dos aspectos clave, que determinan la forma en la que “funciona”:

  • Se trata de una capacidad innata, que todos tenemos “de fábrica” en el momento de nacer. No hay más que ver la facilidad con la que los bebés y los niños pequeñospueden pasar mucho tiempo concentrados al 100% en un objeto o situación, poniendo en ella os 5 sentidos y sin distraerse incluso si hay muchos estímulos a su alrededor.
  • Sin embargo, a medida que nos hacemos adultos, el tipo de vida que la mayoría llevamos -acelerado, con estrés, expuestos a un buen número de estímulos (muchos de ellos contradictorios), la multitarea- hace que poco a poco se pierda esa capacidad innata, de ahí que cada vez nos resulte más difícil concentrarnos.

Distintos estudios han demostrado que durante la jornada laboral se sufre como media una interrupción cada 8 minutos, lo que hace muy difícil mantener una concentración constante.

Pero por suerte no estamos abocados a conformarnos con una concentración deficiente. La buena noticia es que con un estilo de vida adecuado y entrenándola de forma similar a como hacemos con el cuerpo, con ejercicio físico, es posible recuperar en gran medida esa capacidad innata, desaprendiendo así la forma en la que respondemos ante los estímulos distractores a los que estamos expuestos.

‘Training’ para concentrarte mejor

1 Cargar la batería
Sin unos niveles de energía óptimos es prácticamente imposible conseguir una concentración eficaz. Al igual que ocurre con los teléfonos móviles, que se descargan debido a las diversas utilidades para las que los empleamos a diario, el organismo también necesita
recargarse. Lo que ocurre es que no disponemos de una pantalla en la que poder visualizar nuestros niveles de energía. Sin embargo, con
un poco de entrenamiento, es posible conocer cuándo estos niveles están bajos (debido al cansancio, al estrés, a la falta de sueño…) y hacer lo necesario para elevarlos.

Este training pasa por aprender a interpretar lo que tu cuerpo te dice respecto al estado en el que se encuentra. Y esto se consigue haciendo unos minutos de relajación (hay distintas formas y técnicas para conseguirlo, pero más adelante encontrarás una específica para este objetivo de re-energizarte). En silencio, sentado o acostado y preferiblemente con los ojos cerrados, dedica un tiempo (con 5-7 minutos basta) para concentrarte única y exclusivamente en tu
cuerpo. Repasa todas las partes, de la cabeza a los pies, y concéntrate en cómo respiras, detecta cualquier molestia o dolor, identifica las zonas en las que suele concentrarse la tensión (el
cuello, el estómago)… Se trata de “conversar” con tu organismo para detectar, a través de esa “charla”, en qué niveles está tu “batería».

Lo ideal es realizar este ejercicio a diario, tanto para acostumbrarte a interpretar las señales del cuerpo como para detectar cualquier cambio que pueda indicar que tus niveles de batería/energía están bajos, y actuar rápidamente y solucionarlo.

2 Maneja tú tus pensamientos (y no al revés) y el efecto de los
“distractores”.

Aunque parezca imposible, se pueden eliminar o “poner en pausa” los pensamientos e ideas que rompen la concentración. Se calcula que al día tenemos una media de 6.000 pensamientos y aproximadamente el 80% de ellos son negativos y el 95% repetitivos (son siempre los mismos).

Técnicas como la observación de los pensamientos (de la que te hablamos más adelante) permiten controlar estos pensamientos, minimizando su impacto sobre el estado de concentración.

Y, de la misma manera, es importante identificar y mantener lejos los principales “distractores” a los que todos estamos expuestos: mensajes de aplicaciones móviles, la alarma del móvil, el aviso de un correo electrónico…

Aviso: esto no resulta fácil, ya que hay una razón por la que sucumbimos tan fácilmente (a veces de forma adictiva) a los estímulos procedentes de estos canales: en su mayoría se trata de
mensajes, noticias y novedades, y el interés que nos despiertan activa la adrenalina, que es la peor enemiga de la concentración. Así
que para evitar este efecto, intenta alejar los posibles distractores (el teléfono móvil es uno de los principales) de tu espacio de estudio.

Otra opción es imponerte un horario para consultar los mensajes, llamadas y demás y, después, apagarlo o guardarlo lejos de ti.

3 Crea rutinas
Cuanto más estructurada esté tu jornada, más fácil te va a resultar concentrarte. Esta recomendación tiene una base científica: la mente desarrolla una intensa actividad que consiste en analizar todo lo que sucede en nuestro entorno, recopilando datos, archivándolos y creando patrones a partir de aquello que reconoce (lo que pasa todos los días, determinadas situaciones vividas en el pasado, etc.). Por esta razón, es muy consciente de lo que hacemos todos los días.

La clave está en utilizar a tu favor esa habilidad innata de la mente para elaborar rutinas y adaptarlas al momento del estudio. De esta
forma, la convertirás en tu mejor aliada para que te resulte más fácil concentrarte.


Fuente: Guías técnicas de estudio, descárgala gratis aquí


Comments

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *