Este 28 de enero, con motivo del Día Mundial de la Acción frente al Calentamiento Terrestre recuperamos un artículo de Miguel Ángel Sánchez González, Profesor titular de Historia de la Ciencia, Universidad Complutense de Madrid, médico especialista
en medicina interna y endocrinología, magíster en bioética y doctor en ciencias sociosanitarias, y licenciado en Filosofía. Es autor de Historia de la medicina y humanidades médicas y bioética en ciencias de la salud. Un texto para dar contexto a una jornada clave para cualquier futuro sanitario.
El ser humano siempre ha sabido que depende del ambiente. Por eso las religiones más antiguas rinden culto a la naturaleza; en ellas el poder de lo sagrado y de
los dioses residen o están relacionados con el mundo natural.
Es preciso que los futuros agentes de salud adquieran conocimientos nuevos e incorporen una mentalidad nueva capaz de ofrecer una respuesta adecuada a los problemas asociados al cambio climático
En el último siglo hemos descubierto que influimos mucho en el ambiente. Hemos adquirido consciencia de nuestro poder y estamos empezando a evaluar sus
consecuencias. Sabemos que nuestra relación con el ambiente es bidireccional: «modificamos y alteramos el ambiente, y el ambiente, a su vez, nos modifica y altera».
En la actualidad, además, hemos comenzado a adquirir consciencia de que somos lo que somos en un ambiente. De modo que nuestro ser, nuestras posibilidades y nuestro destino están unidos a los de un ambiente.
La gran aceleración del crecimiento económico que tuvo lugar en el siglo XX comenzó a producir alteraciones ambientales capaces de afectar enormemente a la vida y la salud de las personas.
Puesto que el ambiente forma un sistema unitario inter- relación con el ambiente
dependiente, cualquier alteración del aire, del agua o del suelo acaba repercutiendo en el conjunto. Entre las alteraciones ambientales, una de las más apremiantes es el llamado “cambio climático reciente” que puede, a su vez, afectar a todo lo demás. La temperatura media es el factor principal del clima.
El cambio climático puede contribuir a que se sobrepasen límites planetarios capaces de desencadenar colapsos irreversibles
En otras épocas geológicas, la temperatura media ha variado en proporción a la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera. Ha habido cambios climáticos anteriores que fueron desencadenados por causas naturales, como la formación de sedimentos geológicos, volcanes, variaciones de la órbita terrestre,
la inclinación del eje de la Tierra o la irradiación solar. Estos cambios naturales fueron muy lentos, y dieron tiempo a las especies biológicas y a los ecosistemas a adaptarse. Pero el calentamiento actual, por ser tan acelerado, puede deteriorar más gravemente los ecosistemas y los organismos vivos, y afectar profundamente a la humanidad.
De hecho, las alteraciones ambientales en curso han producido ya daños apreciables, que en un futuro próximo irán presumiblemente en aumento. El cambio climático afecta a la salud humana en muy diversos frentes: olas de calor, inundaciones, sequías,
alteraciones del agua y los alimentos, deterioro de ecosistemas, dispersión de los vectores de enfermedades, etc. Y puede contribuir a que se sobrepasen límites planetarios capaces de desencadenar colapsos irreversibles.
Casi todos los efectos adversos del cambio climático afectan más a los países pobres, que son los que menos han contribuido a desencadenarlo.
La OMS estima que los riesgos ambientales controlables, que podrían ser modificados, son responsables de una gran parte de la carga global de enfermedad en el mundo. En 2012 hubo 12,6 millones de muertes (el 23% del total) atribuibles al ambiente alterado. Y un 22% de la carga global de enfermedad se debió al ambiente.
Por otra parte, existen pruebas de que al menos 101 enfermedades o grupos de enfermedades tienen relación con el ambiente. Las enfermedades con un componente
ambiental mayor son las diarreicas, las cardiovasculares y las respiratorias. Y los principales factores de riesgo son la contaminación del aire y el agua, el saneamiento
inadecuado y la higiene deficiente.
Innegablemente, la realidad ecosanitaria actual nos exige tomar consciencia, cambiar nuestras actitudes y tomar medidas.
Hay dos tipos de respuestas posibles al cambio climático: las de mitigación y las de adaptación. En primer lugar, el cambio climático debe mitigarse, intentando reducir su magnitud con una serie de medidas a todos los niveles, que precisan consciencia y voluntad sociopolítica suficiente.
Por otra parte, para adaptarnos a los cambios, es preciso remodelar nuestros sistemas de asistencia sanitaria. También es preciso que los actuales y futuros agentes de salud adquieran conocimientos nuevos e incorporen una mentalidad nueva capaz de ofrecer una respuesta adecuada a los problemas asociados al cambio climático.

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